Para aclarar, la canción es de Troye Sivan, un chico australiano que, a parte de cantar y componer, es actor y tiene un canal en YouTube. Yo, personalmente, lo recomiendo. Luego ya que me hagáis caso, es cosa vuestra.
Vale, volvamos al tema. Hoy toca algo salseante. Y lo cuento por una única razón: no se la he contado a nadie de mi alrededor porque tengo miedo. Miedo de que me juzguen por mis sentimientos. Y tengo la cabeza hecha un lío. No se si lo que siento está bien o mal.
Todo empezó en marzo pasado. Yo, como buena adolescente con déficit de atención y dislexia, suspendí tres en el segundo trimestre. Así que mis padres me apuntaron a clases particulares. Y aquél lugar no es que tuviera la mejor fama. Ni la sigue teniendo. Si, la gente solía salir de allí con notazas (menos yo), pero eran demasiado estrictos. Bueno, en realidad era algo bastante bipolar. Una mujer sargento y su marido demasiado bueno para este mundo.
Y, cuando yo entré allí el primer día, con todo el miedo de no conocer a nadie y quedarme sola y deprimida hasta que acabara el curso, vi la luz. Vi que un viejo amigo de la primaria también estaba allí. Ese día, tras dos horas de infierno allí metida, volvimos juntos a casa. No nos veíamos desde hace años, y eso que vivimos relativamente cerca. Lo que pasa es que él está en un instituto y yo en otro.
A partir de ese día retomamos el contacto. Pero no he dicho el detalle más importante: era el típico chico que va por la vida en plan "Hola, tengo novia pero sigo tonteando con tías, aunque cuando estoy con mi novia soy todo romántico". Pues eso. No se si para él eso era tontear, pero para mi si. Y, como soy tonta del bote, algo en mi cerebro dijo que me gustaba, y todo mi cuerpo le hizo caso.
Cada vez que lo veía era en plan "Venga, comportate como un ser humano normal y no como una antisocial, así, a lo mejor se interesa". Lo intenté, pero como era de esperar, decía demasiadas gilipolleces delante de él.
Pasaron las semanas y terminó cortando con su novia. Y yo, claro, estaba toda feliz de la vida. Por fin tenía una oportunidad sólida. Y la tuve. Este muchacho siguió tonteando conmigo hasta que consiguió que nos enrolláramos. Y le costó. No se lo iba a poner fácil. No soy el desahogo de nadie. Pero obtuve lo que quería.
No fue mucho tiempo, solo un par de veces si eso. Pero, sin darme cuenta, fue creando una especie de adicción en mi. Y, ni idea de como, creo que me enamoré. Esto pasó a final de curso, y dejamos de vernos tan seguido. El día que no lo veía me lo pasaba pensando en lo que estaría haciendo, o de si me echaría de menos. No se lo que es el amor exáctamente, pero creo que eso es enamorarse de alguien.
Pero todo, como no, terminó mal. A las pocas semanas de perder todo el contacto, me enteré de que tenía otra novia. Lo gracioso es que esa chica era de mi instituto y no podía odiarla como odiaría a otra chica. Me parece demasiado maja, y no tiene la culpa de que yo sea tonta del culo.
Me tiré un fin de semana entero llorando por las esquinas de mi casa y dándoles a mis padres la escusa de que me había vuelto a ver el Rey León (es que esa peli puede conmigo).
Tiempo después intenté salir con un amigo del chico del que me enamoré. Pero, como es previsible, no podía ser. No me podía engañar a mi, y menos a aquél muchacho. Es demasiado buena gente como para mentirle así. Aunque me sentí bastante mal cuando lo rechacé. No es la mejor sensación del mundo, y más si le estás dado la escusa que no es. Porque, obviamente, no le dije la verdad. No quería que me señalara de pardilla.
Y ahora sigo maldiciendome a mi misma por enamorarme de alguien inalcanzable. Me siento como una enorme tonta. Pero intento olvidarlo. Me he centrado más en mis amigos, en mis estudios (aunque ha sido en vano) y ya no pienso tanto en él. Aunque algunas veces me dan unas ganas de llorar increibles. Recordar esto me recuerda, de alguna manera, que no soy como los demás.
He aprendido de la peor manera que el amor duele. A veces ese dolor es mínimo, otras te destroza. Pero lo que más me destroza es la enorme probabilidad de que yo, para él, solo haya sido un rollo. Y él para mi ha sido mi primer beso, mi primer rollo, y lo más cercano que he tenido a una relación normal.
Así que recuerda: si por desgracia te enamoras de quien no debes, tienes que saber que no eres ni la primera ni la última persona a la que le pasa, y que con tiempo y distracciones, puedes sobrepasarlo. Yo todavía estoy en ello, y, aunque es un proceso largo y tedioso, veo la luz al final del túnel. Pero eso es otra historia que no se si contar.
Un beso para todos esos que hayáis leído todo este pedazo de entrada, y espero que os haya servido de algo. Incluso si os vais a reir de mi. Así tenéis una sonrisa en la cara. (Dejo la canción subtitulada por si alguien la quiere escuchar o algo)
No hay comentarios:
Publicar un comentario